Hoy, el departamento enfrenta uno de los mayores retos de su historia reciente: recuperarse de los incendios forestales que dejaron al menos 50.000 hectáreas afectadas. Una emergencia que campesinos y ganaderos tuvieron que enfrentar en medio de enormes dificultades y con un apoyo institucional que, para muchos, resultó insuficiente.
Porque ni las fotos de la gobernadora Adriana Magali ni los discursos de Abelardo constituyen, por sí solos, un plan integral de recuperación. Los 23 municipios afectados necesitan mucho más que la solidaridad ciudadana, que fue determinante para enfrentar la emergencia. Pero, para que el Tolima se levante como el ave fénix, necesita apoyo institucional: medidas para restaurar los ecosistemas, semillas nativas para recuperar los cultivos, alimento para los animales que sobrevivieron y recursos para que las familias campesinas puedan empezar de nuevo. Gran momento para recortarle el presupuesto al Tolima.
Y atentos, porque donde unos ven problemas, otros ven oportunidades. El vicepresidente parece tener otras prioridades para nuestro departamento: mientras las comunidades necesitan acompañamiento para recuperar sus cultivos y sus medios de vida, el Gobierno se prepara para promover proyectos de inversión minera ante capitales extranjeros. Se trata del Milagro Week, un evento que tendrá lugar en Nueva York a mediados de noviembre. No es una convención de fanáticos religiosos, aunque el nombre encaje perfectamente, sino una apuesta por atraer inversionistas extranjeros. Una copia barata del Argentina Week de Javier Milei, quien, por lo menos, tuvo la creatividad de ponerle el nombre de su propio país. Según lo revelado por La Silla Vacía, la propuesta contempla mecanismos como contratos de estabilidad jurídica y tributaria por 20 años, permisos exprés para facilitar las inversiones y la agilización de las consultas previas. Al parecer, las cenizas del Tolima son la tierra prometida de los inversionistas mineros.
Porque, claro, ¿para qué invertir en igualdad y equidad en un departamento donde 2.660 campesinos y ganaderos resultaron afectados por la calamidad pública, si podemos poner un aviso gigante que diga «SE VENDE»? ¿Y para qué destinar recursos a la agricultura si, al parecer, el futuro del Tolima está en la explotación de sus llamados «minerales críticos»? Ahora todo tiene sentido: recortarle el presupuesto al sector agrícola podría terminar agravando las dificultades de un campo que necesita recuperarse, mientras se promueven inversiones mineras como apuesta de desarrollo. En 2026, durante el Gobierno de Gustavo Petro, el sector recibió un presupuesto de $80.577 millones, mientras que para 2027, bajo el Gobierno de Abelardo, se proyectan apenas $40.470 millones. Una reducción cercana al 50 %.
Por eso, espero que nos encontremos este miércoles 14 de octubre en las calles. Tenemos que hacerle saber al Gobierno nacional que el Tolima no puede convertirse en un territorio donde las pérdidas se socializan entre campesinos y comunidades, mientras las oportunidades se reservan para los inversionistas. Nuestra tierra necesita recuperación ambiental, respaldo al campesinado y garantías para quienes la habitan y la trabajan. Porque, aunque el Tolima se encuentre entre el fuego y las cenizas, nuestras tierras no se venden.
Novedades
Entre el fuego y las cenizas, el Tolima no se vende
