El alma de un cuerpo al que quieren borrar sus recuerdos ha sido despojada: un alma marcada por la violencia y por el añoro de que su historia no se repita.
¿Qué es un museo sin obras? ¿Y qué es un pueblo al que quieren quitar su historia? El 15 de octubre fueron sacadas del Museo Nacional alrededor de 30 piezas cargadas de significado, pues están relacionadas con la comunidad LGBTIQ+, movimientos feministas, la Unión Patriótica, piezas relacionadas con el M-19, el proceso de paz de 2016 y memoria política. Paola Holguín, actual ministra de Cultura y Patrimonio, declaró que: “El Museo Nacional, como parte del Estado, tiene el propósito de conservar, restaurar, proteger y socializar nuestra cultura.
Su vocación institucional NO consiste en servir como instrumento de adoctrinamiento político, foco de difusión de versiones sesgadas de nuestra historia, ni mucho menos en medio multiplicador de la agenda gubernamental”. Esto resulta totalmente contradictorio con lo que ya es costumbre en el gobierno de Abelardo, pues los actos hechos el 15 de octubre reflejan un grave caso de censura. Esto implica distorsionar el propósito del museo como institución que permita recorrer la historia de nuestro país, para convertirlo en un instrumento que sirva como declaración de lo que es aceptado y lo que no para nuestros gobernantes.
Múltiples museos del país han rechazado la exclusión de estas obras. Según El Espectador, “un museo tiene la responsabilidad de permitirnos conocer la complejidad de nuestra historia, incluso aquello que nos incomoda”. Se pronunciaron al respecto. Es inimaginable que el gobierno quiera monopolizar el conocimiento, más aún en un país con un entramado histórico tan complejo y atravesado por la mayoría de la población.
Esas cicatrices siguen marcadas en Colombia desde cada movimiento social, impulsado por la memoria de todos los que han sido marchitados en esas luchas. Por lo mismo, resulta indignante que el plantón realizado el día 17 de octubre, en forma de protesta por las piezas sacadas del Museo Nacional, haya sido intervenido por agentes del ESMAD de forma violenta y con fuerza desproporcionada ante una manifestación pacífica. Esto solo es una confirmación de que buscan erradicar todo tipo de pensamiento crítico e inconformidad frente al gobierno.
El (lamentablemente) presidente Abelardo de la Espriella dijo de forma enfática que la orden de retirar las más de treinta piezas es para que “toda esa oda al terrorismo en la que aparece Pizarro y demás terroristas sea desaparecido de los lugares públicos”. Este tipo de discursos, además de que están viciados a calificar todo de terrorismo, fomentan odio y división, siendo así muy peligrosos para una sociedad como la colombiana. Esto nos deja expectantes a qué tipo de sociedad engendrarán estos cuatro años.
Lo que nos quieren vender es una historia manoseada y tapada de la forma más cosmética posible. Eso es lo que está construyendo el gobierno de Abelardo de la Espriella, y por eso debemos resistir. Porque, a pesar de llevar poco tiempo bajo el mandato de este, las señales son contundentes. La icónica frase de Jaime Garzón, ya con casi 20 años desde que fue escuchada por nuestro país, aún así es vigente: “Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvarlo. ¡Nadie!”
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La importancia de la memoria histórica en un país sin recuerdos
